SABER IRSE

Algunos hechos, más o menos, recientes en diferentes esferas, política, empresa, organizaciones sociales y deportivas, nos lleva a reflexionar acerca de lo difícil que suele ser irse a tiempo, y como abandonar una responsabilidad, aunque sea voluntaria, supone un esfuerzo emocional. Siempre pensamos que nos quedan cosas por hacer, que nuestra labor no está acabada, y surge el apego y el sentido de “propiedad”. Estas emociones son más fuertes que la razón y la lógica.

Nunca encontramos la persona adecuada para sucedernos, bien porque no queremos ver que las competencias y habilidades de otro, que son diferentes, pueden ser mejores que las nuestras, o que pueden ser más adecuadas para ese momento, o bien porque buscamos un mini-yo, un clon de nosotros mismos, y eso, hasta ahora, es imposible.

A veces se permanece más tiempo del necesario porque los egos no nos dejan ver la realidad, y al igual que el talento y la profesionalidad son claves para medir la calidad de las personas que asumen responsabilidades, la humildad, como base de la grandeza y generosidad, facilitará descubrir el momento adecuado para dejar una responsabilidad, permitirá anteponer los intereses de la organización y de las personas que las componen, y reconocer que ganan todas las partes con la partida.

A veces existen causas subjetivas que nos evidencian que la opción más inteligente es no continuar. Por ejemplo: cuando la razón por la que se comenzó ya no es válida o no está vigente, cuando las prioridades han cambiado y tenemos nuevos objetivos, o cuando se ha perdido la ilusión y no te diviertes con lo que haces, y la responsabilidad se convierte en una obligación que produce un gran pesar.

Irse a tiempo de una responsabilidad implica una reflexión profunda y sincera consigo mismo, íntima y honesta, autocrítica y analítica, además de conocer la situación real desde todos sus prismas, no sólo el personal, sino también desde la situación global de la organización, su momentum actual, el estado de los proyectos, la realidad del resto de personas de la organización, y el entorno general en el que nos movemos.

Antonio Guerrero

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